La educación financiera es una herramienta poderosa que puede transformar vidas y sociedades. En Latinoamérica, aún persisten desafíos que impiden que millones de personas accedan a conocimientos fundamentales para administrar su dinero de manera responsable.
Este artículo ofrece un análisis profundo del estado actual, las barreras, las respuestas y un llamado a la acción para impulsar una cultura inclusiva y sostenible.
En 2025, el Índice de Inclusión Financiera (IIF) de la región alcanzó un puntaje de 48,5 sobre 100, reflejando un crecimiento sostenido en los últimos años. Este avance se debe, en parte, al auge de productos como las billeteras digitales, que han llevado servicios bancarios a zonas remotas.
Pese a esta mejora, el nivel general aún se clasifica como “medio bajo”. Según el Banco Mundial, alrededor del 45% de los adultos latinoamericanos carecen de una cuenta bancaria, limitando su acceso a crédito y ahorro formal.
Aunque la inclusión financiera ha mejorado, diversas barreras limitan su alcance y eficacia. Identificamos las más relevantes:
Esta diversidad de obstáculos requiere soluciones específicas para cada grupo vulnerable y un enfoque multidimensional que incluya educación, tecnología y políticas públicas.
El nivel educativo y socioeconómico de las personas influye directamente en su acceso y confianza en servicios financieros. Aquellos con menor escolaridad o ingresos suelen tener:
- Limitado conocimiento de conceptos clave como inflación y tasas de interés.
- Menor disposición a interactuar con instituciones financieras formales.
Además, las mujeres suelen participar menos en la toma de decisiones financieras y presentan menor confianza o autoeficacia, lo que refuerza ciclos de dependencia y exclusión.
Contar con herramientas financieras permite:
Estudios demuestran que un mayor nivel educativo en finanzas está correlacionado con un incremento en la estabilidad y la seguridad económica de los hogares.
Gobiernos y organismos multilaterales han puesto en marcha diversas iniciativas:
Por su parte, las fintechs han revolucionado el sector: con más de 3.000 empresas en la región, el sector creció un 340% en los últimos años, diversificando productos y ampliando el acceso.
La digitalización continúa siendo el motor del cambio. En 2024, el 28% de la población adulta alcanzó un nivel “avanzado” de inclusión financiera, frente al 16% de 2021.
Se monitorean nuevos indicadores, como la confianza en las instituciones y la percepción de calidad de servicio, que influyen en la adopción de tecnologías y la fidelidad de los usuarios.
Para consolidar los avances y cerrar brechas, es esencial:
Frente a este panorama, necesitamos un esfuerzo conjunto de sector público, privado y sociedad civil. Proponemos:
- Fomentar una cultura del aprendizaje financiero desde edades tempranas y de manera continua.
- Impulsar la colaboración intersectorial para elaborar soluciones innovadoras y sostenibles.
- Promover la transparencia y la protección del usuario como pilares de cualquier estrategia inclusiva.
Si queremos que la educación financiera sea realmente para todos, es indispensable derribar las barreras que aún persisten y construir un ecosistema donde cada persona, sin importar su condición, tenga las herramientas para prosperar.
Referencias